Nunca me ha interesado demasiado “Gran Hermano“. Como toda España, vi la primera edición en el año 2000, pero desde entonces nunca más tuve contacto con el reality. Hasta que ocho años después, en la décima edición, un día aburrido en casa zappeando me dio por ver el primer programa y lo encontré entretenido. Vamos, que me enganché como me enganché a la primera de todas.
Así que ayer que comenzaba la undécima edición he empezado a verla. Y oye, no me desagradó. Sé que siempre están metiendo putas, tías buenas, tíos cachas y algún pringadete para que nos riamos de él, pero una cosa os digo: más cutre que ver Gran Hermano es optar por decir: “yo no lo veo, pero me han dicho que han metido a un tío en silla de ruedas…”. Ah, amigo, te acabas de delatar.


















